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30/1/14

Relato: Mandíbulas de acero. (Parte I)

“¡Peligro!¡Peligro! potencia de escudos al 10% y bajando, daños críticos detectados, ¡Peli…..”

BANG

El computador de alertas del tanque Karchaer queda destrozado tras un fuerte puñetazo del Coamandate Estaer. Su mano comienza a sangrar y un dolor agudo recorre su brazo, pero en estos momentos, es el menor de sus problemas.

Observa a su alrededor lo que queda del que antaño fue su orgullo, el tanque Tallrasiano KW.101 “Karchaer”. Puede ver la luz del  sol penetrando en su interior por varias brechas, como arpones desangrando un leviatán caído. El motor pierde aceite, la munición del cañón se ha desperdigado por el suelo y los sistemas electrónicos chispean y parpadean.

 Sobre los mandos puede ver a Ferbus, el piloto, inconsciente y sangrando profusamente por una brecha en la cabeza. A su lado se encuentra Barclo, maldiciendo como un marinero iver mientras vacía lo que queda de munición de ametralladora contra un enemigo invisible.  El arma echa humo y sus manos sangran pero no se rinde. 

Sobre él, Faira la mecánica y Grant el artillero discuten a gritos mientras intentan reparar un cañón que obviamente  no lleva arreglo.  La herida en la cabeza Grant es muy fea, no se puede explicar cómo sigue en pie pero seguramente los gritos sean porque ya no oye nada. Grant siempre fue duro, a fin de cuentas en los cuatro años que hacía que le conocía nunca había podido conseguir beber más que él.
Observa ensimismado sus manos ensangrentadas, seguro de que este es el fin, pero se siente en paz.  Solo una duda atormentaba sus últimos momentos una y otra vez, un resquicio de su formación en Tallraus hacía ya treinta años, antes de su deserción. ¿Qué había salido mal?

Neuro diario del Comandante de carros Alvo Estaer 14 de Marzo de 791 D.I

Nos encontramos en el primer día de una nueva campaña con la compañía gris. Nuestro grupo de mercenarios ha sido contratado por un grupo inversionista de Blanner, nada nuevo.  Esa gente tiene sus propias tropas pero para este tipo de misiones prefieren  pagar a gente como nosotros, como perros de guerra. No me gusta mancharme las manos por gente como esta pero que le vamos a hacer, el trabajo es el trabajo y esta es nuestra vida.

Llevamos tres días viajando hacía un pequeño grupo de islas a unos doscientos kilómetros al noroeste de Blanner. Nuestra misión en principio es sencilla: Desembarcar con un deslizador en la parte trasera de la isla principal y asaltar unos asentamientos piratas. Al parecer Blanner quiere usar las islas como puerto alternativo cuando su escarpada orografía y tempestuoso clima impiden aterrizar o atracar a sus naves.

El barco es una vieja tartana Halana modelo Libertad con una bodega de desembarco simple. Desde la cubierta, en la proa, observo la bruma en el horizonte durante esta fría mañana, nos estamos acercando.
 Tras los cristales del puente de mando puedo entrever la figura del hombre que dirige la operación. No nos han dicho su nombre y no se junta con nosotros, pero según nos han comunicado vela por los intereses de nuestros empleadores.  Un hombre turbio,  siempre enfundado en una gabardina negra mientras nos observa con su gélida mirada.

Ferbus el conductor interrumpe mis pensamientos

-Comandante, se le requiere en la bodega de carga. Estamos a punto de llegar y tenemos que preparar las maniobras de desembarco. 

Le observo unos segundos antes de responder.  Es el más viejo de todos nosotros y ya lleva seis años pilotando el tanque para mí. Se le ve relajado y no es para menos, un hombre criado en los barrios bajos de Telhonia no se achanta con facilidad. Tiene ya la familiaridad suficiente como para presentarse ante mí fumando en su desgastada pipa pero sigue tratándome con el respeto propio de mi rango. Un hombre de la vieja escuela.

-Una mañana fría ¿No, te parece?

Da un par de caladas rápidas y me contesta con indiferencia.

-Tanto mejor, la bruma nos oculta. Además, en cuanto los motores arranquen ese será el menor de nuestros problemas.

Sonrío. Ferbus, siempre tan optimista.

Le acompaño a las cubiertas inferiores no sin antes mirar una vez más de reojo al puente de mando. Pasamos por  dos cubiertas llenas de camarotes donde algunos mercenarios de otras compañías se preparan para el asalto entre risas y fanfarronadas. No puedo evitar fijarme la cantidad de óxido que acumula esta vieja tartana, me sorprende que se mantenga a flote. Supongo que hemos tenido suerte de no habernos topado con piratas de camino a la isla, de lo contrario muy probablemente ahora nos encontráramos todos en el fondo del mar.

Entramos  a la cubierta de desembarco por la pasarela superior. Desde ella puedo ver nuestro deslizador ya preparado con los cinco tanques de nuestra compañía asegurados sobre él. Unos veinte hombres y mujeres ultiman los detalles finales de la operación y se abastecen de baterías y munición.
Al instante  aparece a mi lado Faira, nuestra mecánica, y empieza a taladrarme la cabeza con un sinfín de datos técnicos.

-Señor, le repito una vez más que necesitamos aditivos para los lubricantes de la maquinaria, corremos el riesgo de que el salitre marino penetre en las juntas y aumente la fricción– Me lanza una de esas miradas de reproche que tanto le gustan a las mujeres-. ¡Si algo falla después no diga que no se lo avise!

Continua hablando un rato mientras observo en silencio las operaciones en la cubierta de desembarco. Escupe sin parar un centenar de detalles técnicos que a decir verdad no me interesan demasiado. Dioses, jamás entenderé como una chica tan joven tiene tales conocimientos de ingeniería. El día que la saque  de los guetos de Porsant sabía que era un portento pero en momentos así resulta un poco cargante.

Resopla y se aparta de la cara un mechón de pelo castaño manchándose la cara de aceite sin darse cuenta. Sonrió y la respondo. 

-Faira, no sé si has observado que estamos en alta mar. Los recursos que tienes son los que ves. Ni más ni menos – Hace un gesto de sorpresa-. Pero te garantizo que podrás requisar todo lo que necesites para el tanque en cuanto acabe la batalla. 

Un destello de desaprobación recorre sus ojos verdes y puedo ver que  por un instante está a punto de darme una dura respuesta, pero no lo hace.

-Está bien señor, pero la próxima vez antes de zarpar espero que me pregunte sobre el estado del tanque.

Se da la vuelta y baja al trote las escalerillas que llevan hasta la cubierta. Ferbus y yo nos miramos con una sonrisa de resignación. Quizás tengamos que hacer más caso a la muchacha, a fin de cuentas se lo ha ganado.

Bajo hasta la cubierta y el siguiente al que me encuentro es a  Grant, el artillero principal. Viene hacia mí con su uniforme impoluto y unos informes bajo el brazo. Me hace firme saludo militar al que respondo con desdén.

-Comandante le traigo el informe previo al desembarco – Coge aire- . El tanque ha sido cargado con 4 baterías de plasma hidrogenado nuevas con autonomía para dos semanas de operatividad. Hemos reabastecido las armas con 30 proyectiles de 120 milímetros, 15 explosivos y 15 perforantes, además de  5 cajas de munición del calibre 30 para las ametralladoras coaxiales. 

Maldita sea Grant, no deserté de la Coalición para tener que aguantar aquí también ese amaneramiento pomposo. Desde que le encontré en el puerto de Leivan, borracho, con su viejo y raído uniforme del ejército de tierra de Sarben, no deja  de intentar comportarse como un culotieso. Supongo que es su forma de redimir su expulsión del ejercito sarbenio.

Le contesto con un resoplido de resignación.

-Muy bien Grant, vuelve al tanque y revisa de que todo esté bien fijado. La última vez que hicimos un desembarco en el deslizador las sacudidas fueron tales que la botella de Snooper que Ferbus guarda en el compartimento de documentos salto y casi le abre la cabeza.

Me mira con gesto de desaprobación, me encanta provocarle. He de reconocer que aunque no me acabe de sentir cómodo con sus maneras protocolarías es sin duda  el mejor artillero que he visto en mis veinte años entre mercenarios. 

-¡Enseguida señor!

Con un saludo y un golpe de talones se gira y se dirige hacia nuestro tanque. En ese momento una risotada recorrer la cubierta.  Me parece que Barclo acaba de volver a ganar a los dados. Me vuelvo y no tardo en encontrarle como de costumbre junto a un par de novatos  apostando entre un par de cajas de munición.  El grandullón nunca pasa desapercibido, además de su peinado mohawk, sus tatuajes tribales y el humo de sus puros, estaba el hecho de que su voz resuena  como el rugido de un tarsakien.

Es un buen hombre pero le pierde su afición al juego. Parece mentira que ya hayan pasado ocho años desde que me lo encontré en aquella taberna de mala muerte en Greekt. Necesitaba un hombre robusto y fuerte que pudiera recargar el caño de mi tanque una vez detrás de otra sin perder el ritmo. Es un puesto que muy pocos quieren y que él mismo rechazo pero… no puede resistirse a una buena apuesta. Se jugó el enrolarse en mi tripulación contra la posibilidad de llevarse mi tanque. Apostó fuerte y perdió,  cuando vió la jugada final pensé que iba a matarme, pero en vez de eso rompió a reír, me dio una palmada en la espalda que casi me deja sin respiración  y me estrecho la mano – Ya tienes cargador- me dijo.

Algún día tendré que contarle que hice trampas… O quizá no. Casi mejor que no.  

Una potente voz proveniente de  la pasarela superior inunda la sala.

-¡Atención muchachos! –Es Marno, el líder de la compañía gris- ¡Barclo! ¡Bastardo! ¡Cierra la boca y atiende! Acabo de ultimar los detalles con nuestros empleadores en el puente de mando junto con las otras compañías mercenarias.  Quieren nuestro el deslizador en el agua en 15 minutos ¡Así que dejar de remolonear y embarcad de una maldita vez! Hoy somos la punta de lanza.

- ¿Qué hay de los apoyos que nos prometieron? – Siempre nos prometen más de lo que están dispuestos a dar- ¿ Y cuál es el plan?

-El plan es sencillo, atacaremos la cara oeste de la isla para aprovechar el sol bajo de la mañana, eso y la bruma nos ocultará. Se espera que no haya resistencia hasta que lleguéis al pueblo costero del extremo este,  a unos 2 kilómetros. Una vez allí esperareis a la infantería antes de avanzar hacia el interior. 

-¿Y el apoyo…?

-Bueno… están instalando una batería de cohetes de largo alcance en la popa del barco, y tienen bastante munición, podéis solicitar ataques por radio marcándolo con vuestros prismáticos.

En fin, algo es algo supongo.

-¡Y basta ya de preguntas! Todos sabéis lo que hay que hacer, a vuestros puestos ¡Fuego y acero!

Que empiece la fiesta.