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18/6/13

[Aportaciones de lujo]: Carroñeros Parte III

Carroñeros parte III  por Juan Manuel Redondo.

El humo del bar es casi tan insoportable como su música. Jesoph trata de hacerse oír por encima del ruido mientras gesticula para llamar a un camarero que le ignora por completo. Decepcionado, apura su cerveza.

— Entonces, ¿me estás diciendo que es posible atravesar la Línea Strigoth sin que los Genos te paren?.
— Claro, tan sólo tienes que contratar a un piloto lo suficientemente loco como para intentarlo. Y en estos días, desesperados no te van a faltar. —, su nuevo socio vacía su vaso, al tiempo que coge un buen puñado de frutos secos y se atiborra de ellos. — Eso sí, te advierto que jugarán al tiro al plato como te fijen en sus radares, y poco importará si son Genos o tropas regulares de la Coalición.
— Sí, eso tengo entendido. Por cierto, Zhandarie está armando mucho revuelo por aquí. Esos mal nacidos no me gustan un pelo, van mal para los negocios.
— Y que lo digas, han bloqueado la ruta principal con sus malditos tanques. ¿Te lo puedes creer? Nos veremos obligados a tomar rutas secundarias y a doblar la escolta.
— Sí, los envíos llegarán más tarde y a los clientes no les gustan los retrasos.
— Si yo te contara…
— De todas formas, tiene que ser algo gordo porque es la primera vez que veo una escolta así para un envío tan poco importante.
— ¿Poco importante? ¿Donde has estado los últimos días? Se rumorea que es tecnología Genosol, algo gordo ¿pillas? Hacía años que no tenían éxito en sus incursiones.
— ¿Genosol dices? Mira que me extraña, los Genos hubieran enviado a sus malditos cazas y volado por los aires toda la puñetera ciudad.
— Ni idea, pero te aseguro que es algo gordo.

Jesoph conocía muy bien la naturaleza de la carga, había seguido los pasos de la Corporación desde Menel. Lo único que se le escapaba era por qué habían elegido Varadim como punto tránsito. A lo mejor tenían laboratorios de armamento en Tierra de Nadie, o quizá estaban deseando probar sus “nuevos juguetes” cuanto antes. Le desconcertaba porque él mismo había escogido esta ciudad como punto de partida para su negocio y ahora veía con desesperación como Zhandarie la cerraba a cal y canto para dejar paso a sus transportes. Sin embargo, esto podría ser una oportunidad. Con tal cantidad tropas pendientes del convoy muchas rutas estarían casi sin vigilancia y llegar hasta la Línea Strigoth podría resultar más fácil de lo que tenía planeado.

— Bueno, por las rutas alternativas y los gilipollas de Zhandarie.
— Sí, por ellos y por nuestras pérdidas.

Brindaron mientras Jesoph pensaba en cómo sacar provecho de esta nueva situación.

***

— Manténgase a la espera. Ruta de aproximación enviada. —, el intercomunicador chascó con el último aviso.
— Recibido torre de control de Vardim. Iniciando ingreso en ruta de tránsito. —, Reiven aminoró hasta un tercio de su velocidad y se incorporó al circuito de retención para el tráfico terrestre. La espera sería larga, en su radar veía al menos una docena de vehículos trazando círculos a las afueras de la ciudad. La ruta principal de entrada estaba bloqueada por tropas de Zhandarie. Aquello no le gustaba un pelo, aunque Zhandarie y la Coalición no se llevaban especialmente bien no sería la primera vez que intercambiaban información para borrar del mapa a quien se la hubiera jugado a los dos. Al instante desechó sus miedos, ningún ejecutivo ansioso por vengarse lograría las autorizaciones necesarias para desplegar bípodes de combate ni tanques de asedio por un simple contrabandista. Tan sólo necesitaban un Cazador… Un escalofrío le recorrió la columna al recodar las historias sobre esos asesinos y lo que le hicieron a aquel pirata en Andevar. Respiró hondo centrándose en seguir la ruta que le indicaba la torre de control mientras rezaba en silencio para no cruzarse con uno de esos bastardos.

***

— Te dije que no era buena idea. — comentó Aliston a Petrov mientras le propinaba un codazo en las costillas. — Esto está a rebosar de tropas de Zhandarie.
— Relájate. Se irán en unas cuantas horas. Un par de días como mucho. — respondió Petrov mientras apuraba su cerveza.
— Eso lo dices ahora. Cuando nos veamos ante un pelotón de fusilamiento, me lo cuentas otra vez.
— Joder, que pesimista eres. No están buscando a nadie, fíjate si ni si quiera han salido de los muelles principales.
— Aún así, no me gusta.
— Tranquilo, ahora centrémonos en buscar trabajo.

Petrov sacó un par de billetes de su bolsillo y los dejó encima de la barra del bar. Aliston se movía inquieto, mirando de un lado para otro. A la espera de un «¡Alto, en nombre de Zhandarie!» y que tuvieran que abrirse camino a tiro limpio. Como aquella vez en aquella maldita isla dejada de la mano de dios. Un trabajo sencillo, y una mierda. Cuando todo se fue al carajo, esos hijos de puta les dejaron tirados. Les usaron como carne de cañón para una retirada “limpia y ordenada”. Aún le recorre un sudor frío por la espalda al recordarlo.

Cuando Zhandarie organizó aquella expedición contra los Genos en las islas de Mar Galineo ofrecían una buena paga y un trabajo aburrido pero sencillo. — Un trabajo sencillo —, repitió Aliston mientras se frotaba el hombro izquierdo. Petrov se quedó mirando a su compañero preocupado, sabía de sobra que jamás perdonaría aquella traición a la Corporación. Tan sólo esperaba que mientras estuvieran aquí ni su viejo amigo ni los prepotentes soldaditos de Zhandarie cometiesen ninguna tontería.